jueves, 28 de febrero de 2019

SANTIAGO LAPUENTE


¡Buenos días a tod@s!
Hoy recibimos en nuestra sección de “El Heraldo de la Jota” a uno de los máximos referentes de nuestra jota cantada: el maestro Santiago Lapuente.

Domingo 17 de diciembre de 1961

GALERIA DE LA JOTA
JOTISTAS CÉLEBRES: SANTIAGO LAPUENTE, DE FUENTES DE EBRO

“EL TÍO JOTERO”.
Muchos días de crudo invierno, avanzado ya el último cuarto del siglo pasado, por carreteras, caminos, sendas y atajos de una amplia comarca aragonesa, pudo verse a un hombre enjuto y espigado de testa alargada, frente amplia, bigote frondoso algo recortado, bello caído, pómulos salientes y ojos vivos de mirar inquieto, caminando sólo, bien calado y ladeado su sombrero de fieltro de anchas alas domadas, y embozado hábilmente en su vieja capa de rico paño, castizamente española, que bajo sus repliegues ocultaba una guitarra amorosamente aprisionada por su mano diestra, fina y huesuda, cobijada junto a su pecho como reliquia a la que quería proteger más que a su cuerpo frío y entumecido. ¿Quién era este hombre de aspecto beatífico que, sin perro que le hiciese compañía ni báculo de rústico palo con calabaza en alto, ni conchas, ni cruces, ni medallas, ni hábito que no fuese su capa y su sencillo y modesto traje, parecía un peregrino de las antiguas estampas que nos emocionaban cuando éramos niños? Este curioso personaje no era otro que Santiago Lapuente, el “Tío Jotero” – como le llamaban en varias leguas a la redonda-: el que partiendo de su villa natal, Fuentes de Ebro, se adentraba en los pueblos que constituían el “cogollo” de la Jota allí donde el canto regional rezumaba con sus más puras esencias, o donde existían ocultas las tonadas originales que nadie, hasta entonces, había logrado descubrir, difundir y popularizar.
Hijo de una antigua familia muy conocida y apreciada en el Bajo Aragón, Santiago Lapuente vino al mundo el día 22 de noviembre de 1855 en la “Meca de la jota” – así llamó a Fuentes de Ebro el ilustre periodista aragonés Montestruc- .

SU FORMACIÓN JOTERA.
En un ambiente donde la Jota constituía la esencia del lirismo y de la exaltación popular, no es de extrañar que quienes poseyeran una exquisita sensibilidad unida a una gran afición y a otras cualidades excepcionales forzosamente habrían de destacar en la historia del canto regional como joteros o como jotistas. Por esto en Fuentes de Ebro surgieron la inmensa figura de Asunción Delmás, la mejor cantadora de la época, los formidables Delmás, los más diestros tañedores de requinto y los depurados intérpretes de la Jota punteada en la guitarra, los incansables rondadores, el magnífico “Pitorro” y el coloso entre los jotistas habidos y por haber.
Santiago Lapuente, desde muy niño, empezó a mostrar gran afición a la música popular aragonesa, pero fue la jota lo que precozmente más le cautivó. Ya a los 12 años de edad recibió las enseñanzas de los más viejos del lugar acostumbrándose a diferencias los estilos entonces conocidos. Y Lapuente, que escasamente tenía voz, pronto compitió en calidad interpretativa con los cantadores de más reconocida valía por aquellos contornos. Así, poco a poco, se fue haciendo el gran “jotero sin voz” y el asombroso “guitarrista sin conocimientos musicales” señalando, marcando y expresando la Jota como nadie. Luego ya, el estudio, sus correrías, sus buceos, su extraordinario temperamento artístico, su memoria privilegiada y su facultad de asimilación y concepción verdaderamente prodigiosa, hicieron lo demás hasta convertirle en el maestro del estilo por el sugestivo matiz que imprimía a las más difíciles tonadas y la naturalidad y sabor con que interpretaba las más sencillas. No fue cantador de facultades, pero fue maestro de cantadores y modelo de jotistas.

LA OBRA DE LAPUENTE.
Ante todo, Santiago Lapuente, fue el primer amante de la Jota que pensó en el porvenir del canto regional. Comprendía él que el canto aragonés estaba, sí magníficamente representado por los joteros que iban surgiendo en diferentes comarcas, que sus voces eran maravillosas, que su intuición resultaba sorprendente, y que la expresión que daban a las tonadas hasta entonces popularizadas ofrecía el encanto de su sencillez y el aliciente del más puro sabor. Pero, a la vez, se daba cuenta de que el canto de la Jota se limitaba a un número reducidísimo de etilos reiteradamente ofrecidos al público o rutinariamente empleados en rondas de mozos, en las faenas del campo o en actuaciones privadas. Pronto pensó en que otras melodías joteras no difundidas existirían en diversos ambientes rurales donde la Jota vivía oculta, con frondosidad desconocida. Y seguro de que no se equivocaba emprendió sus visitas a los pueblos donde tras una búsqueda penosa larga, llena de obstáculos y de sacrificios, pudo comprobar la existencia de ricos filones, en los que trabajó intensamente, y purísimos manantiales en los que satisfizo su sed de Jota nueva, de tonadas interesantísimas, no divulgadas. Así, logró conocer y coleccionar hasta treinta y siete tonadas diferentes que oportunamente habían de ser publicadas en una edición en la que todas ellas y una sugestiva gama de variaciones musicales para acompañamiento rondallístico, ejecutadas primorosamente por el gran bandurrista Ángel Sola, compañero de Lapuente en sus viajes y actuaciones, fueron transcritas por el maestro Alvira.
Esta fue la base fundamente de la obra de Lapuente, ya que a partir de entonces los cantadores pudieron valerse de ella para comenzar a ampliar sus reducidísimos repertorios. Luego ya, el ejemplo de Lapuente cundió entre otros jotistas, y así se ha llegado a formar la antología del canto de la jota que consta de casi dos centenares de tonadas distintas entre antiguas y modernas. Pero la verdad es que fue Santiago Lapuente el verdadero iniciador de la labor más trascendental en la historia del canto aragonés.

©Archivo Heraldo de Aragón

LA CONSAGRACIÓN DE LAPUENTE.
Varios hechos definitivos contribuyeron a dar a Santiago Lapuente lo que muy bien pudiéramos llamar “espaldarazo de la fama”: el haber formado y presentado al público a los dos grandes joteros de aquella época, José Moreno y Juanito Pardo, a la vez que por su iniciativa se empezaron a celebrar los Certámenes Oficiales de Jota Aragonesa coincidiendo con las fiestas del Pilar de Zaragoza, que con tanto éxito y significación vienen dándose año tras año; las enseñanzas a la inmensa cantadora de Fuentes, Asunción Delmás, y a otras figuras que de él aprendieron y con él se hicieron célebres, tales como Inocencia Sebastián, Blas Larrayad y “La Arenera”; el que la insigne actriz María Guerrero se convirtieses bajo su dirección en una excelente jotera que causó la admiración de los madrileños; el aprovechamiento que de las interpretaciones de Lapuente sacó el ilustre maestro Bretón cuando en Zaragoza y en Fuentes de Ebro se saturó de Jota en la época en que en su cerebro germinaba ya la partitura de su ópera “La Dolores”; y sobre todo, la presencia y triunfo del “Tío Jotero” en Madrid en la velada-homenaje a la Jota aragonesa, acto organizado por la Asociación de la Prensa, en la noche del 28 de noviembre de 1897.
Esta inolvidable sesión fue presidida por Nuñez de Arce, acompañado del presidente de la Asociación don Miguel Moya, y el marqués de Valdeiglesias. En los demás sillones del estrado aparecieron Justo y Eusebio Blasco, Joaquín Dicenta, Darío Pérez y Luis Royo Villanova, cinco ilustres literatos aragoneses cuya fama había invadido el ambiente intelectual de la Villa y Corte. Y para completar el magnífico cuadro el ya consagrado autor Carlos Fernández Shaw fue el encargado de leer un  hermoso trabajo de nuestro Mariano de Cavia: maestro de escritores que no pudo asistir al acto por encontrarse enfermo.
Eusebio Blasco leyó su ingenioso “Discurso baturro”. Joaquín Dicenta recitó una bellísima poesía en romance titulada “El Cristo nuevo”. Y Luis Royo Villanova dio a conocer un sugestivo trabajo sobre “La copla aragonesa”. Y llegó el momento cumbre. El cantador José Moreno “El baturrico de Andorra”, discípulo de Lapuente, acompañado por la embrujada guitarra del maestro ofreció a la concurrencia los primeros 22 estilos que “El tío Jotero” recogiera en sus agobiantes correrías de “catador”, seleccionador y coleccionador de las más típicas tonadas nacidas en el corazón de Aragón. La hermosa voz del joven jotero, con la depurada escuela de Lapuente, cautivó al público que ovacionaba una a una las clásicas, limpias y castizas melodías, triunfando la Jota cantada en pleno apogeo de su pureza. El éxito de la velada fue inmenso y tuvo resonancia nacional, pues toda la Prensa de Madrid se ocupó del acontecimiento que marcaba la insospechada revelación de la Jota fuera de Aragón, y que en tal ocasión constituyó una verdadera apoteosis merced especialmente, a la intervención de Santiago Lapuente y de su discípulo.
Añadamos a esto los triunfos clamorosos de Lapuente, sus éxitos en palacio, ante la familia real, las sesiones en casa de Cánovas del Castillo y en la del Conde de la Viñaza, y las célebres jornadas en el Café de Londres, animando y entusiasmando a la “Peña” de artistas, músicos, poetas y literatos, a la que diariamente acudían personajes tan conocidos como Octavio Picón, Vital Aza, Chapi, Marqués de Lara, Estemera, Ramos Carrión y otras figuras popularísimas en el ámbito intelectual, periodístico, teatral y artístico del Madrid de aquellos tiempos y comprenderemos el porqué de la fama de Santiago Lapuente, la razón de que a Ángel Sola se le llamase “El Sarasate de la Jota en la bandurria” y que a Lapuente lo calificase el maestro Caballero de “monstruo de Jota”, y el maestro Chapí lo considerase como ”fantástico archivo y maravilloso catálogo de melodías joteras”.
Después de cuanto llevamos dicho, solo cabe reconocer que, cuando en Aragón todavía no se había estimado en su justo valor la obra de Lapuente, fue en Madrid donde se le reconoció como gran jotista concediéndole la máxima atención, proclamando sus méritos y rindiéndole honores que en su tierra se la habían escatimado…

EL BUSTO DE LAPUENTE.
Nos complacemos en ofrecer a los lectores de HERALDO DE ARAGÓN una reproducción fotográfica del busto del famoso jotista, indudable gran acierto del escultor aragonés Ángel Bayod Usón. El artista ha sabido plasmas el rostro beatífico, largo y anguloso, del “Tío Jotero”, la bondad, serenidad y concentración espiritual que caracterizaban al hijo de Fuentes de Ebro.
Ante este busco vienen a nuestra memoria una ejemplar realización, el barrio de la jota y un soñado proyecto: el monumento a la Jota. Allí en el barrio coquetón que se ha conseguido en las inmediaciones de la Avenida de Cataluña, por iniciativa de don Jacobo Cano, donde a cada calle se da el nombre de una figura jotera (cantadores, cantadoras, bailadores, bailadoras y maestros destacados). El busco de Lapuente debe ocupar un puesto preferente. Y si el tantas veces proyectado monumento a la Jota llega un día a convertirse en la realidad que todos esperamos, este mismo busto debe encontrar sitio de honor junto a otras figuras representativas que suponemos no habrán de faltar en su conjunto.
Esto es lo menos que merece el que con su escasa voz dio a nuestro hermoso canto una emotividad, una belleza y un interés insospechados; el que sin poseer una vasta cultura musical supo buscar, hallar, realzar y propagar los encantos de la Jota; el que sin escuela, sin disciplina, dominó la guitarra en sus aplicaciones joteras más precisas; y el que únicamente por afición, por amor a su tierra y por cariño a sus discípulos, contribuyó en forma decisiva a dar al canto regional un impulso formidable y una popularidad y difusión nacional sin precedentes.

IN MEMORIAM.
Santiago Lapuente falleció en Zaragoza a los 77 años de edad. Aragón está en deuda con él. Zaragoza sobre todo, no ha cumplido con el maestro-jotista. Sólo en Fuentes de Ebro, en la fachada de la casa donde nació, en una lápida, reza esta inscripción que forzosamente tenía que ser una copla de Jota:
Cobijada en esta piedra
Junto al busto de Lapuente
La Jota ríe orgullosa;
La jota se siente fuerte.

Demetrio GALÁN BERGUA

El siguiente artículo trata de un discípulo del gran Santiago Lapuente y apodado como “El aragonesico”. ¿Sabéis de quién hablamos?
Sergio Sanz Artús

jueves, 21 de febrero de 2019

MARIANO MALANDÍA


¡Buenos días a tod@s!
Tras leer un artículo de una alumna de nuestra escuela (Consuelo García Anadón) en el que pedía al Heraldo de Aragón que se recuperara un espacio permanente para la jota y el folklore de nuestra tierra, retomamos nuestra sección “El Heraldo de la Jota” con la recuperación de los artículos que el gran Demetrio Galán Bergua escribió en este mismo periódico y que, amablemente, fueron cedidos a nuestro Grupo para su difusión y digitalización.
Recomenzamos con el artículo publicado el 10 de diciembre de 1961 dedicado a Mariano Malandía, “El tuerto de las Tenerías”.

Domingo 10 de diciembre de 1961

GALERIA DE LA JOTA
CANTADORES CELEBRES: MARIANO MALANDIA, “EL TUERTO DE LAS TENERIAS”

POR UNA CHINICA…
El día 26 de marzo de 1947, en el número 10 de la calle de Cereros, parroquia de San Pablo, vino al mundo un niño que pronto quedo huérfano, yendo a vivir con unos tíos suyos que eran labradores. Cuando acababa de cumplir los ocho años de edad, un mal día, entretenido en el campo donde entrecavaban patatas, se sintió bracero agrícola, y, con la azada, comenzó a remover la tierra con tan mala fortuna que una china – “maldita chinica”, nos decía él, cuando llegó a ser hombre- se le incrustó en el ojo izquierdo el cual, gravemente lesionado, hubo de ser vaciado. El niño, llamado Mariano Malandía, quedó tuerto sin que, de momento, tal defecto sirviera para motejarlo popularmente.
Pasaron los años, el niño se hizo mozo, y una vehemente afición nació en su vida. La Jota que escuchara a los campesinos y a otros mozos amigos fue asimilada paulatinamente y, sin más maestros llegó a cuajarse en Zaragoza, donde los rondadores y femateros le brindaron ocasiones de conocer y aprender los más puros estilos de aquella época. Dedicado al oficio de tejedor en el barrio de las Tenerías, y trabajando en los telares de Escudero y de Palomar, comenzó a popularizarse como jotero aficionado, coincidiendo con el apogeo del “Royo del Rabal”, inició sus prodigas actuaciones ante el público, que definitivamente lo iba consagrando y nombrándole ya, para siempre, con el famoso apodo de “El Tuerto de las Tenerías”.

EL “TUERTO” Y EL “ROYO”.
Allá por el año 1875, entre los vecinos del Rabal y de las Tenerías se desencadeno una pugna afectiva que alcanzó caracteres de verdadera lucha de masas, plena de vehemencias, aunque jamás llegase a mayores violencias que el desenfreno de los sentimientos opuestos traducidos por frases, diálogos y comentarios más o menos exaltados. Cada bando defendía a su héroe. Aquellos al rabalero Pedro Nadal, el “Royo”. Estos, a Mariano Malandía, el “Tejedor” del barrio. Ambos, casi de la misma edad, y célebres cantadores de la misma época. Sin ellos pretenderlo se estableció una competencia criada por sus respectivos convecinos. Los dos joteros iban a “lo suyo” a cantar. Los barrios fueron los encargados de encender la hoguera en la que podemos asegurar que ninguno de los dos ídolos se quemaron. Y surgieron las copas de “picadillo”, ajenas a su voluntad. Los del Rabal concibieron ésta, entre otras:
El mejor cantor de Jota
es el “Royo del Rabal”
el “Tuerto las Tenerías”
nunca lo podrá igualar.
Y los del barrio de la “Malena” contestaron con ésta:
No hace falta ir al Rabal
para oír cantar la Jota,
que aquí tenemos al “Tuerto”
que  más que el “Royo” la borda.
Coplas poco selectas en el aspecto literario, que se popularizaron a raíz la pretendida competencia entre los dos joteros. Y digo pretendida y no real, porque en boca del “Tuerto” escuchamos más de una vez la falsedad de esa competencia personal. Hubo, si, lo que es inevitable cuando dos figuras del arte coinciden en circunstancias de pasión popular a favor de una u otra. Es la falsa competencia que existió entre Joselito y Belmonte o la que se forjó en nuestra ciudad entre Ballesteros y Herrerin. Es la que muchos españoles trataron de establecer entre Sazi Barna y Marcos Redondo en los años que ambos grandes barítonos llegaron a coincidir en la plenitud de sus asombrosas facultades. Lo que ocurrió hace muchísimos años con canzonetistas de la categoría de la Fornarina y Raquel Meller, y, lo que recientemente se ha observado cuando parte del público se inclina más al lado de una estrella del folklore o de la canción española, llámese Conchita Piquer, Lola Flores, Antoñita Moreno o Juanita Reina. Es, en fin, lo que acontece en las más variadas facetas del arte cuando dos grandes figuras han de verse envueltas en los efectos, a veces alocados del clamor de las masas apasionadas. Y esto es lo que ocurrió con los dos grandes cantadores zaragozanos, que coincidieron en plena época del florecimiento de la Jota que sugestionaron a los de un lado y otro del libro, y que crearon un ambiente pasional que invitaba a la competencia sin freno, pero que el “Tuerto” y el “Royo” no pasaron de llevarla a la práctica en una forma discreta que bien podemos llamar noble y honrada y, desde luego, acomodaticia.
Detalle significativo es que el “Tuerto” y el “Royo” saltan juntos, frecuentemente, juntos iban a rondar, y siempre se les vio en franca camaradería. Asimismo es de recordar el hecho comprobado de que cuando el “Royo” salió indultado del penal de Santoña, fue el “Tuerto” el que le llevó el petate hasta su casa. Y dato demostrativo de la sincera amistad entre ambos es que es un festival de la Jota celebrado en la Plaza de Toros, por primera y única vez el “Tuerto” le pisó el terreno al “Royo”. Tan bien quedo el de las Tenerías, que para él fueron las mayores ovaciones. El del Rabal, en un gesto admirable y aleccionador, reconoció el triunfo de su compañero, aplaudiéndole y felicitándole efusivamente. Lo cierto es que el “Tuerto” fue uno de los primeros cantadores de Jota que se hicieron célebres; y el hecho de que destacase en el apogeo del mejor cantador del siglo XIX, ya es prueba indudable de su gran valía.

©Archivo Heraldo de Aragón

DATOS HISTORICOS.
Los cuatro estilos predilectos del “Tuerto de Tenerías” fueron la “fiera”, la “fanfarrona”, la “rabalera” y la “fematera”. Con estos estilos alcanzó sus mayores éxitos y con ellos triunfó en Zaragoza, y en la Corte, donde estuvo varias veces. Allí, en Madrid, en el año 1878, cantó ante Alfonso XII, cuando ese monarca se casó por primera vez. Una de las coplas dedicadas al Rey decía así:
Quieren hoy más cambio
a su Rey los españoles,
pues por amor se ha casado
como se casan los pobres.
Esta copla, que también se le atribuye a otra actuación del “Royo del Rabal”, constituye una manifestación clara y terminante del sentimiento popular. Según nos contó el “Tuerto” a la reina Mercedes le hizo mucha gracia, y al Rey les animó a reír francamente. No olvidemos que Cánovas del Castillo fue opuesto al casamiento no diplomático de Alfonso XII con su prima.
El “Tuerto” también canto a Martínez Campos, Frascuelo, Lagartijo, reina Cristina, marqués de Ayerbe (en su gran palacio de la calle que daban a la ribera del Ebro), maestro Bretón, tenor Berges y a tantos y tantos forasteros y personalidades que visitaban Zaragoza en aquellos felices años en que las rondas de cantadores y tañedores recorrían frecuentemente la ciudad, llevando la alegría y la emoción al corazón de los zaragozanos. Y, también, a las mozas del Rabal, Tenerías y parroquia del Gancho.
Una vez cantó ante los condes de Bureta. Alguien le dictó la siguiente copla que fue celebradísima:
La condesa de Bureta
dijo cuando se murió;
no he visto hombre más valiente
que el general Palafox.
CUATRO GRANDES AMORES
Su nieta, el requinto, la Jota y la Virgen del Pilar, constituyeron los cuatro grandes amores de el “Tuerto de las Tenerías” en los últimos lustros de su vida. Aunque dejó de cantar cuando sus muchos años y su ya quebrada voz se lo impedían, todavía se aferró a la Jota aprovechando su gran destreza en el manejo del requinto. Ello le sirvió para formar parte de la magnífica rondalla del inolvidable maestro Orós, que llegó a conjuntar admirablemente a cierto catorce ejecutantes. Allí, con el típico, diminuto e interesante instrumento que da carácter a las rondas y sonoridad peculiar a las rondallas fue acaban su existencia que no quiso fuese celosa y eligió lo que más le iba a su temperamento: el rasgueo habilidoso del guitarrico, que le trasladaba al ambiente jotero que más lo sugestionaba, aparte del canto al que dedicó sus mayores afanes. Así, a los 88 años de edad, aun gozaba acariciando su requinto que manejó, hasta poco antes de fallecer, con la gracia, y soltura de su juventud.
Mariano Malandía fue un ferviente devoto de la Virgen del Pilar, a la que rezaba a diario en compañía de su nieta que le mimaba y cuidaba con cariño sin igual. Casi ciego y afecto de una sordera progresiva, conservó hasta última hora su carácter abierto, decidor, encontrando en su nieta – que se desvivía por él- el mejor de los consuelos. Falleció el 8 de abril de 1935 y, con su muerte puede decirse que terminó el periodo romántico de la Jota en Aragón.
El “Tuerto de las Tenerías” en los instantes preagónicos rezó a la Virgen querida y dedicó un recuerdo a la Jota amada musitando algunos fragmentos en la Jota de los Sitios. Y como era bueno y merecía el Cielo a la Gloria subiría su alma acompañada del suave murmullo de la Jota Aragonesa y con la protección de la Virgen del Pilar.

Demetrio GALAN BERGUA.

En la próxima entrega, Galán  Bergua nos acerca a la figura de un grandísimo referente para nuestra jota y del que el escultor aragonés Ángel Bayod esculpió un bonito busto. ¿Sabéis a quién nos referimos?
Sergio Sanz Artús