jueves, 7 de marzo de 2019

JOSÉ MORENO


¡Buenos días a tod@s!
Una semana más, seguimos con nuestra labor de recuperación y digitalización de los artículos publicados por D. Demetrio Galán Bergua en el Heraldo de Aragón y que fueron cedidos a nuestro grupo para su difusión.
Esta semana, recuperamos el artículo publicado el 24 de Diciembre de 1961 en el que Galán Bergua ensalzaba la figura de José Moreno.

Domingo 24 de diciembre de 1961

GALERIA DE LA JOTA
CANTADORES CÉLEBRES: JOSÉ MORENO, “EL BATURRICO DE ANDORRA”

EN EL OCASO DEL “ROYO DEL RABAL”.
De alguna manera hay que llamar al período en que el “Royo del Rabal” empezaba a declinar como cantador, coincidiendo con la aparición de nuevos joteros que alcanzaban justa fama y extraordinaria personalidad tanto por su temperamento artístico como por sus facultades y cualidades interpretativas. Ocurrí esto a fines del siglo pasado. Entre los varios cantadores que por entonces destacaron hubo dos excepcionales: José Moreno, de Andorra (Teruel), y Juanito Pardo, de Zaragoza. Ambos se dieron a conocer en los Certámenes Oficiales, a los 15 y a los 12 años, respectivamente. Los dos siguieron la misma trayectoria. Empezaron muy jóvenes, y muy jóvenes se ausentaron de Zaragoza, y de España. Uno y otro triunfaron rotundamente mientras aquí estuvieron hasta el punto de que en la historia de la jota figuraban como verdaderos “fenómenos” del canto regional. Sin embargo, no más de un decenio duró su carrera artística que fue eso sí, apoteósica. Afortunadamente la desaparición de estos cantadores se dio cuando otras grandes figuras surgían como astros de primera magnitud en el firmamento de la Jota cantada, tales como Blas Mora, Vicenta Giménez, Jacinto Gracia, Ángeles Giménez, Antonio Aznar, Nicolás Perrín, Ignacio Valenzuela, José Lasanta, Isabel Muñoz, Gerardo Gracia, Romualdo Arana, Juan Antonio Gracia, Urbano Gracia y, sobre todo, María Blasco, Miguel Asso y Cecilio Navarro. Todos estos se hicieron célebres cuando el “Royo del Rabal” ya no existía como cantador, y casi al tiempo en que dejó de existir como hombre.
José Moreno y Juanito Pardo, además de su facultades naturales demostraros poseer lo que no está en la materia, ni depende de la perfección anatómica, ni está ligado a la función orgánica, ni basado en la integridad física. Tenían alma, espíritu, temple, intuición y “maneras” propias. No lograron hacer olvidar la fama del rabalero pero sí atrajeron la atención y la admiración de los amantes de la Jota que se enfervorizaban oyéndoles cantar.
El “Royo del Rabal” había declinado pero siguió conservando su personalidad histórica y popular. Ni Moreno ni Pardo, ni los cantadores citados, ni todas las grandes figuras conocidas hasta hoy, lo anularon como símbolo representativo. Por eso lo que hemos llamado ocaso del “Royo del Rabal” no fue más que una natural sucesión en el trono que él dejaba para que otros, a su tiempo, se erigiesen en monarcas de la Jota.

LA REVELACIÓN.
En el Certamen Oficial de las Fiestas del Pilar del año 1896 se presentó por primera vez al público José Moreno, discípulo predilecto y protegido de Santiago Lapuente. Quizá lo fue más que ningún otro pues se le consideraba como ahijado suyo. Moreno, “El aragonesico”, o “baturrico de Andorra”, tenía entonces 15 años. Tal vez por esta circunstancia el jurado, obrando bien, ante la voz magnífica de un mocico que estaba en un momento crítico de su adolescencia, edad en la que con tanta frecuencia se malogran los precoces cantadores, y tomando en la máxima consideración la formidable actuación de un gran cantador “hecho” y experimentado, Urbano Gracia, concedió a éste el primer premio, y el segundo a José Moreno. El público, muy sensato en aquella ocasión, no protestó el fallo pero hizo objeto de las mayores aclamaciones al joven jotero, considerándole como una verdadera revelación, una caso sorprendente por la “rasmia” y la gracia que imprimía a sus tonadas. La confirmación de su gran clase y el triunfo definitivo no se hicieron esperar, ya que al año siguiente lograba el primer premio con todos los honores.
José Moreno, a partir de aquí, fue el cantador mimado de todos los públicos y de todas las clases sociales. Su atractiva figura, su simpatía arrolladora, su personalísimo estilo de jotero, su preciosa voz, su perfecta dicción y sus grandes facultades cautivaron a los aragoneses y a los madrileños. No hay que olvidar que él, acompañado a la guitarra por su maestro, causó sensación en Madrid en los salones de la Asociación de la Prensa. A tal punto llegó su popularidad en todas las esferas y la admiración de las damas que los preciosos y riquísimos trajes que lucía eran regalos de la marquesa de Ayerbe, de la señora de Vinyals y de la baronesa de la Torre.

FACETAS.
El “mañico” Moreno, nacido en Andorra (Teruel), antes de pasar a la protección y enseñanzas de Lapuente, recibió lecciones de una hermana suya. De ella aprendió varios estilos clásico haciendo una creación de aquel cuya letra decía así:
Cuando nos encontraremos
corazón mío, en la calle;
allí ajustaremos cuentas,
y aquel que deba que pague.
Estilo de grandes dificultades por su frase, y que otra aventajada discípula de Lapuente, Inocencia Sebastián, lo “jugó” – frase del maestro- como nadie, dentro de su difícil sencillez.
De José Moreno, cuando salió de Andorra, decía Santiago Lapuente: “Este chico tiene instinto musical, afición y pulmones. Es muy travieso, muy rebelde, muy independiente, más agudo que el hambre, y posee una gracia especial para anudarse el pañuelo a la cabeza. Si no se malogra con el cambio de voz puede llegar a ser otro Gayarre”. Lo cierto es que Lapuente puso en el mozo andorrano todas sus primeras ilusiones de profesor, logrando, mientras estuvo bajo su tutela, que le obedeciese y le respetase.

©Archivo Heraldo de Aragón
COPLAS ALUSIVAS.
La noche del 15 de mayo de 1897 fue José Moreno el cantador que alborotó a los zaragozanos y entusiasmó al general Polavieja, con motivo de una serenata en la que intervino como gran figura del canto regional. Momentos antes de actuar le dictaron esta copla que cantó con el mayor entusiasmo:
Hace tiempo que la Patria
necesita un Polavieja
que la limpie de traidores
y con honra la proteja.
Pero el bueno de José Moreno, que era un patriota exaltado, influido como todos los españoles de entonces por los sinsabores que nos trajo la guerra de Cuba, en un momento de ardor patrio, en vez de decir “traidores” dijo: “bandidos”, y se quedó tan fresco. Después de todo, en realidad, para la intención de la copla, el calificativo venía a expresar lo mismo. Los dos vocablos estaban bien aplicados…
Aquella misma noche cantó, en serenata, al general Burguete, aragonés, dedicándole esta despedida:
Con esta mi despedida
un viva quiero yo dar
a mi paisano Burguete,
el valiente militar.
También me parece oportuno recordar la que en la misma noche de serenatas cantó ante la Redacción de HERALDO DE ARAGÓN.
Es un heraldo del pueblo
el HERALDO DE ARAGÓN,
portavoz de su sentir,
lengua de su corazón.

UNAS FRASES DEL “ROYO DEL RABAL”.
En la primera actuación de José Moreno –“El niño Moreno” le llamaban entonces- en el Teatro Principal de Zaragoza, ocurrió algo digno de contar. Un espectadro que ocupaba una delantera de anfiteatro, entusiasmado al escuchar al joven cantador en la intervención de uno de sus valientes estilos en lo que derrochaba su potente y bien timbrada voz, no pudo contenerse y, dando un respingo en el asiento, exclamó de modo que le oyera todo el público. “A ese, de no ser el “Royo del Rabal”, no le gana nadie”. Entonces, el espectador más próximo, en la fila de detrás, le contestó con gran parsimonia: “Ese canta más que nadie. Se lo asegura “El Royo del Rabal”, que soy yo”. El oyente justamente exaltado fue don Antonio Galve Pascual, notabilísimo maestro nacional, persona muy cabal y digna de darle crédito, tanto como lo es don F. Martínez Sauras, conocido comerciante zaragozano, superviviente de aquella época, que me ha ampliado la noticia que yo incompletamente conocía.

LA FAMA DESPRECIADA.
Los casos de José Moreno, de Juanito Pardo y de otras figuras del canto aragonés que en plena carrera de triunfos han abandonado la Jota con la esperanza de obtener, fuera de ella, grandes éxitos artísticos, basándose únicamente en la posesión de una voz maravillosa digna –según ellos y ellas, y a juicio de equivocados o malos consejeros- de aspirar a más productivas y gloriosas empresas, bien merecen la pena de que sirvan de lección a cuantos joteros puedan estar a punto de apartarse de la realidad sin meditar sobre el conocido refrán: más vale pájaro en mano que ciento volando”. El caso de Miguel Fleta, que dejó la Jota por haber fracasado en la primera y única ocasión que tuvo de consagrarse como jotero, es cosa distinta, aparte de ser excepcional. Llegó a ser divo mundial merced a una garganta y a un arte privilegiados que cultivó muy lejos del ambiente de la Jota. Joteros célebres que hayan triunfado al “salirse” de la jota no ha existido ninguno. Alguien me dirá que si José Oto, Camila Gracia y María Pilar de las Heras, entre otros varios, no muchos, a los que el mismo Fleta, el maestro Mingote, o ciertos admiradores y empresarios, le animaron a estudiar canto para dedicarse a la zarzuela o a la ópera, hubiesen dejado la Jota a tal fin, habrían llegado a ser figuras del arte lírico. Yo no niego la “posibilidad”, no creo en la “probabilidad”, y siempre me cabrá pensar en aquello de que en los actos humanos no cabe, como en la Fé, creer en lo que no se ve.
Sigan los joteros entregándose a la Jota para bien de ella, orgullo de ellos y honra de Aragón, y escarmienten en cabeza ajena mirándose en el espejo que refleja la triste realidad de José Moreno y Juanito Pardo. Porque lo cierto es, refiriéndonos hoy al “baturrico de Andorra”, que éste se forjó vanas ilusiones y acarició absurdas quimeras –tal vez mal orientado y peor aconsejado- para, al fin, desaparecer de Zaragoza en busca de nuevos horizontes en los que no halló lo que soñaba y acaso sufrió tardíos e irremediables desengaños. Prueba de su equivocación, del error de sus consejeros es que José Moreno murió definitivamente para la Jota, murió para el canto, y murió para el logro total de la fama que, en gran parte, ya había alcanzado. ¡Y cuántas veces, José Moreno, recordaría aquella copla que con predilección había cantado!:
El río vuelve a su cauce
la golondrina a su nido,
pero al corazón no vuelve
la ilusión que se ha perdido.

Demetrio GALÁN BERGUA

Con el próximo artículo nos desplazaremos a la localidad zaragozana de Épila, donde nació, el 11 de marzo de 1888, el próximo cantador que conoceremos de la mano de Galán Bergua. ¿Os animáis a decirnos quién es?
Sergio Sanz Artús

jueves, 28 de febrero de 2019

SANTIAGO LAPUENTE


¡Buenos días a tod@s!
Hoy recibimos en nuestra sección de “El Heraldo de la Jota” a uno de los máximos referentes de nuestra jota cantada: el maestro Santiago Lapuente.

Domingo 17 de diciembre de 1961

GALERIA DE LA JOTA
JOTISTAS CÉLEBRES: SANTIAGO LAPUENTE, DE FUENTES DE EBRO

“EL TÍO JOTERO”.
Muchos días de crudo invierno, avanzado ya el último cuarto del siglo pasado, por carreteras, caminos, sendas y atajos de una amplia comarca aragonesa, pudo verse a un hombre enjuto y espigado de testa alargada, frente amplia, bigote frondoso algo recortado, bello caído, pómulos salientes y ojos vivos de mirar inquieto, caminando sólo, bien calado y ladeado su sombrero de fieltro de anchas alas domadas, y embozado hábilmente en su vieja capa de rico paño, castizamente española, que bajo sus repliegues ocultaba una guitarra amorosamente aprisionada por su mano diestra, fina y huesuda, cobijada junto a su pecho como reliquia a la que quería proteger más que a su cuerpo frío y entumecido. ¿Quién era este hombre de aspecto beatífico que, sin perro que le hiciese compañía ni báculo de rústico palo con calabaza en alto, ni conchas, ni cruces, ni medallas, ni hábito que no fuese su capa y su sencillo y modesto traje, parecía un peregrino de las antiguas estampas que nos emocionaban cuando éramos niños? Este curioso personaje no era otro que Santiago Lapuente, el “Tío Jotero” – como le llamaban en varias leguas a la redonda-: el que partiendo de su villa natal, Fuentes de Ebro, se adentraba en los pueblos que constituían el “cogollo” de la Jota allí donde el canto regional rezumaba con sus más puras esencias, o donde existían ocultas las tonadas originales que nadie, hasta entonces, había logrado descubrir, difundir y popularizar.
Hijo de una antigua familia muy conocida y apreciada en el Bajo Aragón, Santiago Lapuente vino al mundo el día 22 de noviembre de 1855 en la “Meca de la jota” – así llamó a Fuentes de Ebro el ilustre periodista aragonés Montestruc- .

SU FORMACIÓN JOTERA.
En un ambiente donde la Jota constituía la esencia del lirismo y de la exaltación popular, no es de extrañar que quienes poseyeran una exquisita sensibilidad unida a una gran afición y a otras cualidades excepcionales forzosamente habrían de destacar en la historia del canto regional como joteros o como jotistas. Por esto en Fuentes de Ebro surgieron la inmensa figura de Asunción Delmás, la mejor cantadora de la época, los formidables Delmás, los más diestros tañedores de requinto y los depurados intérpretes de la Jota punteada en la guitarra, los incansables rondadores, el magnífico “Pitorro” y el coloso entre los jotistas habidos y por haber.
Santiago Lapuente, desde muy niño, empezó a mostrar gran afición a la música popular aragonesa, pero fue la jota lo que precozmente más le cautivó. Ya a los 12 años de edad recibió las enseñanzas de los más viejos del lugar acostumbrándose a diferencias los estilos entonces conocidos. Y Lapuente, que escasamente tenía voz, pronto compitió en calidad interpretativa con los cantadores de más reconocida valía por aquellos contornos. Así, poco a poco, se fue haciendo el gran “jotero sin voz” y el asombroso “guitarrista sin conocimientos musicales” señalando, marcando y expresando la Jota como nadie. Luego ya, el estudio, sus correrías, sus buceos, su extraordinario temperamento artístico, su memoria privilegiada y su facultad de asimilación y concepción verdaderamente prodigiosa, hicieron lo demás hasta convertirle en el maestro del estilo por el sugestivo matiz que imprimía a las más difíciles tonadas y la naturalidad y sabor con que interpretaba las más sencillas. No fue cantador de facultades, pero fue maestro de cantadores y modelo de jotistas.

LA OBRA DE LAPUENTE.
Ante todo, Santiago Lapuente, fue el primer amante de la Jota que pensó en el porvenir del canto regional. Comprendía él que el canto aragonés estaba, sí magníficamente representado por los joteros que iban surgiendo en diferentes comarcas, que sus voces eran maravillosas, que su intuición resultaba sorprendente, y que la expresión que daban a las tonadas hasta entonces popularizadas ofrecía el encanto de su sencillez y el aliciente del más puro sabor. Pero, a la vez, se daba cuenta de que el canto de la Jota se limitaba a un número reducidísimo de etilos reiteradamente ofrecidos al público o rutinariamente empleados en rondas de mozos, en las faenas del campo o en actuaciones privadas. Pronto pensó en que otras melodías joteras no difundidas existirían en diversos ambientes rurales donde la Jota vivía oculta, con frondosidad desconocida. Y seguro de que no se equivocaba emprendió sus visitas a los pueblos donde tras una búsqueda penosa larga, llena de obstáculos y de sacrificios, pudo comprobar la existencia de ricos filones, en los que trabajó intensamente, y purísimos manantiales en los que satisfizo su sed de Jota nueva, de tonadas interesantísimas, no divulgadas. Así, logró conocer y coleccionar hasta treinta y siete tonadas diferentes que oportunamente habían de ser publicadas en una edición en la que todas ellas y una sugestiva gama de variaciones musicales para acompañamiento rondallístico, ejecutadas primorosamente por el gran bandurrista Ángel Sola, compañero de Lapuente en sus viajes y actuaciones, fueron transcritas por el maestro Alvira.
Esta fue la base fundamente de la obra de Lapuente, ya que a partir de entonces los cantadores pudieron valerse de ella para comenzar a ampliar sus reducidísimos repertorios. Luego ya, el ejemplo de Lapuente cundió entre otros jotistas, y así se ha llegado a formar la antología del canto de la jota que consta de casi dos centenares de tonadas distintas entre antiguas y modernas. Pero la verdad es que fue Santiago Lapuente el verdadero iniciador de la labor más trascendental en la historia del canto aragonés.

©Archivo Heraldo de Aragón

LA CONSAGRACIÓN DE LAPUENTE.
Varios hechos definitivos contribuyeron a dar a Santiago Lapuente lo que muy bien pudiéramos llamar “espaldarazo de la fama”: el haber formado y presentado al público a los dos grandes joteros de aquella época, José Moreno y Juanito Pardo, a la vez que por su iniciativa se empezaron a celebrar los Certámenes Oficiales de Jota Aragonesa coincidiendo con las fiestas del Pilar de Zaragoza, que con tanto éxito y significación vienen dándose año tras año; las enseñanzas a la inmensa cantadora de Fuentes, Asunción Delmás, y a otras figuras que de él aprendieron y con él se hicieron célebres, tales como Inocencia Sebastián, Blas Larrayad y “La Arenera”; el que la insigne actriz María Guerrero se convirtieses bajo su dirección en una excelente jotera que causó la admiración de los madrileños; el aprovechamiento que de las interpretaciones de Lapuente sacó el ilustre maestro Bretón cuando en Zaragoza y en Fuentes de Ebro se saturó de Jota en la época en que en su cerebro germinaba ya la partitura de su ópera “La Dolores”; y sobre todo, la presencia y triunfo del “Tío Jotero” en Madrid en la velada-homenaje a la Jota aragonesa, acto organizado por la Asociación de la Prensa, en la noche del 28 de noviembre de 1897.
Esta inolvidable sesión fue presidida por Nuñez de Arce, acompañado del presidente de la Asociación don Miguel Moya, y el marqués de Valdeiglesias. En los demás sillones del estrado aparecieron Justo y Eusebio Blasco, Joaquín Dicenta, Darío Pérez y Luis Royo Villanova, cinco ilustres literatos aragoneses cuya fama había invadido el ambiente intelectual de la Villa y Corte. Y para completar el magnífico cuadro el ya consagrado autor Carlos Fernández Shaw fue el encargado de leer un  hermoso trabajo de nuestro Mariano de Cavia: maestro de escritores que no pudo asistir al acto por encontrarse enfermo.
Eusebio Blasco leyó su ingenioso “Discurso baturro”. Joaquín Dicenta recitó una bellísima poesía en romance titulada “El Cristo nuevo”. Y Luis Royo Villanova dio a conocer un sugestivo trabajo sobre “La copla aragonesa”. Y llegó el momento cumbre. El cantador José Moreno “El baturrico de Andorra”, discípulo de Lapuente, acompañado por la embrujada guitarra del maestro ofreció a la concurrencia los primeros 22 estilos que “El tío Jotero” recogiera en sus agobiantes correrías de “catador”, seleccionador y coleccionador de las más típicas tonadas nacidas en el corazón de Aragón. La hermosa voz del joven jotero, con la depurada escuela de Lapuente, cautivó al público que ovacionaba una a una las clásicas, limpias y castizas melodías, triunfando la Jota cantada en pleno apogeo de su pureza. El éxito de la velada fue inmenso y tuvo resonancia nacional, pues toda la Prensa de Madrid se ocupó del acontecimiento que marcaba la insospechada revelación de la Jota fuera de Aragón, y que en tal ocasión constituyó una verdadera apoteosis merced especialmente, a la intervención de Santiago Lapuente y de su discípulo.
Añadamos a esto los triunfos clamorosos de Lapuente, sus éxitos en palacio, ante la familia real, las sesiones en casa de Cánovas del Castillo y en la del Conde de la Viñaza, y las célebres jornadas en el Café de Londres, animando y entusiasmando a la “Peña” de artistas, músicos, poetas y literatos, a la que diariamente acudían personajes tan conocidos como Octavio Picón, Vital Aza, Chapi, Marqués de Lara, Estemera, Ramos Carrión y otras figuras popularísimas en el ámbito intelectual, periodístico, teatral y artístico del Madrid de aquellos tiempos y comprenderemos el porqué de la fama de Santiago Lapuente, la razón de que a Ángel Sola se le llamase “El Sarasate de la Jota en la bandurria” y que a Lapuente lo calificase el maestro Caballero de “monstruo de Jota”, y el maestro Chapí lo considerase como ”fantástico archivo y maravilloso catálogo de melodías joteras”.
Después de cuanto llevamos dicho, solo cabe reconocer que, cuando en Aragón todavía no se había estimado en su justo valor la obra de Lapuente, fue en Madrid donde se le reconoció como gran jotista concediéndole la máxima atención, proclamando sus méritos y rindiéndole honores que en su tierra se la habían escatimado…

EL BUSTO DE LAPUENTE.
Nos complacemos en ofrecer a los lectores de HERALDO DE ARAGÓN una reproducción fotográfica del busto del famoso jotista, indudable gran acierto del escultor aragonés Ángel Bayod Usón. El artista ha sabido plasmas el rostro beatífico, largo y anguloso, del “Tío Jotero”, la bondad, serenidad y concentración espiritual que caracterizaban al hijo de Fuentes de Ebro.
Ante este busco vienen a nuestra memoria una ejemplar realización, el barrio de la jota y un soñado proyecto: el monumento a la Jota. Allí en el barrio coquetón que se ha conseguido en las inmediaciones de la Avenida de Cataluña, por iniciativa de don Jacobo Cano, donde a cada calle se da el nombre de una figura jotera (cantadores, cantadoras, bailadores, bailadoras y maestros destacados). El busco de Lapuente debe ocupar un puesto preferente. Y si el tantas veces proyectado monumento a la Jota llega un día a convertirse en la realidad que todos esperamos, este mismo busto debe encontrar sitio de honor junto a otras figuras representativas que suponemos no habrán de faltar en su conjunto.
Esto es lo menos que merece el que con su escasa voz dio a nuestro hermoso canto una emotividad, una belleza y un interés insospechados; el que sin poseer una vasta cultura musical supo buscar, hallar, realzar y propagar los encantos de la Jota; el que sin escuela, sin disciplina, dominó la guitarra en sus aplicaciones joteras más precisas; y el que únicamente por afición, por amor a su tierra y por cariño a sus discípulos, contribuyó en forma decisiva a dar al canto regional un impulso formidable y una popularidad y difusión nacional sin precedentes.

IN MEMORIAM.
Santiago Lapuente falleció en Zaragoza a los 77 años de edad. Aragón está en deuda con él. Zaragoza sobre todo, no ha cumplido con el maestro-jotista. Sólo en Fuentes de Ebro, en la fachada de la casa donde nació, en una lápida, reza esta inscripción que forzosamente tenía que ser una copla de Jota:
Cobijada en esta piedra
Junto al busto de Lapuente
La Jota ríe orgullosa;
La jota se siente fuerte.

Demetrio GALÁN BERGUA

El siguiente artículo trata de un discípulo del gran Santiago Lapuente y apodado como “El aragonesico”. ¿Sabéis de quién hablamos?
Sergio Sanz Artús

jueves, 21 de febrero de 2019

MARIANO MALANDÍA


¡Buenos días a tod@s!
Tras leer un artículo de una alumna de nuestra escuela (Consuelo García Anadón) en el que pedía al Heraldo de Aragón que se recuperara un espacio permanente para la jota y el folklore de nuestra tierra, retomamos nuestra sección “El Heraldo de la Jota” con la recuperación de los artículos que el gran Demetrio Galán Bergua escribió en este mismo periódico y que, amablemente, fueron cedidos a nuestro Grupo para su difusión y digitalización.
Recomenzamos con el artículo publicado el 10 de diciembre de 1961 dedicado a Mariano Malandía, “El tuerto de las Tenerías”.

Domingo 10 de diciembre de 1961

GALERIA DE LA JOTA
CANTADORES CELEBRES: MARIANO MALANDIA, “EL TUERTO DE LAS TENERIAS”

POR UNA CHINICA…
El día 26 de marzo de 1947, en el número 10 de la calle de Cereros, parroquia de San Pablo, vino al mundo un niño que pronto quedo huérfano, yendo a vivir con unos tíos suyos que eran labradores. Cuando acababa de cumplir los ocho años de edad, un mal día, entretenido en el campo donde entrecavaban patatas, se sintió bracero agrícola, y, con la azada, comenzó a remover la tierra con tan mala fortuna que una china – “maldita chinica”, nos decía él, cuando llegó a ser hombre- se le incrustó en el ojo izquierdo el cual, gravemente lesionado, hubo de ser vaciado. El niño, llamado Mariano Malandía, quedó tuerto sin que, de momento, tal defecto sirviera para motejarlo popularmente.
Pasaron los años, el niño se hizo mozo, y una vehemente afición nació en su vida. La Jota que escuchara a los campesinos y a otros mozos amigos fue asimilada paulatinamente y, sin más maestros llegó a cuajarse en Zaragoza, donde los rondadores y femateros le brindaron ocasiones de conocer y aprender los más puros estilos de aquella época. Dedicado al oficio de tejedor en el barrio de las Tenerías, y trabajando en los telares de Escudero y de Palomar, comenzó a popularizarse como jotero aficionado, coincidiendo con el apogeo del “Royo del Rabal”, inició sus prodigas actuaciones ante el público, que definitivamente lo iba consagrando y nombrándole ya, para siempre, con el famoso apodo de “El Tuerto de las Tenerías”.

EL “TUERTO” Y EL “ROYO”.
Allá por el año 1875, entre los vecinos del Rabal y de las Tenerías se desencadeno una pugna afectiva que alcanzó caracteres de verdadera lucha de masas, plena de vehemencias, aunque jamás llegase a mayores violencias que el desenfreno de los sentimientos opuestos traducidos por frases, diálogos y comentarios más o menos exaltados. Cada bando defendía a su héroe. Aquellos al rabalero Pedro Nadal, el “Royo”. Estos, a Mariano Malandía, el “Tejedor” del barrio. Ambos, casi de la misma edad, y célebres cantadores de la misma época. Sin ellos pretenderlo se estableció una competencia criada por sus respectivos convecinos. Los dos joteros iban a “lo suyo” a cantar. Los barrios fueron los encargados de encender la hoguera en la que podemos asegurar que ninguno de los dos ídolos se quemaron. Y surgieron las copas de “picadillo”, ajenas a su voluntad. Los del Rabal concibieron ésta, entre otras:
El mejor cantor de Jota
es el “Royo del Rabal”
el “Tuerto las Tenerías”
nunca lo podrá igualar.
Y los del barrio de la “Malena” contestaron con ésta:
No hace falta ir al Rabal
para oír cantar la Jota,
que aquí tenemos al “Tuerto”
que  más que el “Royo” la borda.
Coplas poco selectas en el aspecto literario, que se popularizaron a raíz la pretendida competencia entre los dos joteros. Y digo pretendida y no real, porque en boca del “Tuerto” escuchamos más de una vez la falsedad de esa competencia personal. Hubo, si, lo que es inevitable cuando dos figuras del arte coinciden en circunstancias de pasión popular a favor de una u otra. Es la falsa competencia que existió entre Joselito y Belmonte o la que se forjó en nuestra ciudad entre Ballesteros y Herrerin. Es la que muchos españoles trataron de establecer entre Sazi Barna y Marcos Redondo en los años que ambos grandes barítonos llegaron a coincidir en la plenitud de sus asombrosas facultades. Lo que ocurrió hace muchísimos años con canzonetistas de la categoría de la Fornarina y Raquel Meller, y, lo que recientemente se ha observado cuando parte del público se inclina más al lado de una estrella del folklore o de la canción española, llámese Conchita Piquer, Lola Flores, Antoñita Moreno o Juanita Reina. Es, en fin, lo que acontece en las más variadas facetas del arte cuando dos grandes figuras han de verse envueltas en los efectos, a veces alocados del clamor de las masas apasionadas. Y esto es lo que ocurrió con los dos grandes cantadores zaragozanos, que coincidieron en plena época del florecimiento de la Jota que sugestionaron a los de un lado y otro del libro, y que crearon un ambiente pasional que invitaba a la competencia sin freno, pero que el “Tuerto” y el “Royo” no pasaron de llevarla a la práctica en una forma discreta que bien podemos llamar noble y honrada y, desde luego, acomodaticia.
Detalle significativo es que el “Tuerto” y el “Royo” saltan juntos, frecuentemente, juntos iban a rondar, y siempre se les vio en franca camaradería. Asimismo es de recordar el hecho comprobado de que cuando el “Royo” salió indultado del penal de Santoña, fue el “Tuerto” el que le llevó el petate hasta su casa. Y dato demostrativo de la sincera amistad entre ambos es que es un festival de la Jota celebrado en la Plaza de Toros, por primera y única vez el “Tuerto” le pisó el terreno al “Royo”. Tan bien quedo el de las Tenerías, que para él fueron las mayores ovaciones. El del Rabal, en un gesto admirable y aleccionador, reconoció el triunfo de su compañero, aplaudiéndole y felicitándole efusivamente. Lo cierto es que el “Tuerto” fue uno de los primeros cantadores de Jota que se hicieron célebres; y el hecho de que destacase en el apogeo del mejor cantador del siglo XIX, ya es prueba indudable de su gran valía.

©Archivo Heraldo de Aragón

DATOS HISTORICOS.
Los cuatro estilos predilectos del “Tuerto de Tenerías” fueron la “fiera”, la “fanfarrona”, la “rabalera” y la “fematera”. Con estos estilos alcanzó sus mayores éxitos y con ellos triunfó en Zaragoza, y en la Corte, donde estuvo varias veces. Allí, en Madrid, en el año 1878, cantó ante Alfonso XII, cuando ese monarca se casó por primera vez. Una de las coplas dedicadas al Rey decía así:
Quieren hoy más cambio
a su Rey los españoles,
pues por amor se ha casado
como se casan los pobres.
Esta copla, que también se le atribuye a otra actuación del “Royo del Rabal”, constituye una manifestación clara y terminante del sentimiento popular. Según nos contó el “Tuerto” a la reina Mercedes le hizo mucha gracia, y al Rey les animó a reír francamente. No olvidemos que Cánovas del Castillo fue opuesto al casamiento no diplomático de Alfonso XII con su prima.
El “Tuerto” también canto a Martínez Campos, Frascuelo, Lagartijo, reina Cristina, marqués de Ayerbe (en su gran palacio de la calle que daban a la ribera del Ebro), maestro Bretón, tenor Berges y a tantos y tantos forasteros y personalidades que visitaban Zaragoza en aquellos felices años en que las rondas de cantadores y tañedores recorrían frecuentemente la ciudad, llevando la alegría y la emoción al corazón de los zaragozanos. Y, también, a las mozas del Rabal, Tenerías y parroquia del Gancho.
Una vez cantó ante los condes de Bureta. Alguien le dictó la siguiente copla que fue celebradísima:
La condesa de Bureta
dijo cuando se murió;
no he visto hombre más valiente
que el general Palafox.
CUATRO GRANDES AMORES
Su nieta, el requinto, la Jota y la Virgen del Pilar, constituyeron los cuatro grandes amores de el “Tuerto de las Tenerías” en los últimos lustros de su vida. Aunque dejó de cantar cuando sus muchos años y su ya quebrada voz se lo impedían, todavía se aferró a la Jota aprovechando su gran destreza en el manejo del requinto. Ello le sirvió para formar parte de la magnífica rondalla del inolvidable maestro Orós, que llegó a conjuntar admirablemente a cierto catorce ejecutantes. Allí, con el típico, diminuto e interesante instrumento que da carácter a las rondas y sonoridad peculiar a las rondallas fue acaban su existencia que no quiso fuese celosa y eligió lo que más le iba a su temperamento: el rasgueo habilidoso del guitarrico, que le trasladaba al ambiente jotero que más lo sugestionaba, aparte del canto al que dedicó sus mayores afanes. Así, a los 88 años de edad, aun gozaba acariciando su requinto que manejó, hasta poco antes de fallecer, con la gracia, y soltura de su juventud.
Mariano Malandía fue un ferviente devoto de la Virgen del Pilar, a la que rezaba a diario en compañía de su nieta que le mimaba y cuidaba con cariño sin igual. Casi ciego y afecto de una sordera progresiva, conservó hasta última hora su carácter abierto, decidor, encontrando en su nieta – que se desvivía por él- el mejor de los consuelos. Falleció el 8 de abril de 1935 y, con su muerte puede decirse que terminó el periodo romántico de la Jota en Aragón.
El “Tuerto de las Tenerías” en los instantes preagónicos rezó a la Virgen querida y dedicó un recuerdo a la Jota amada musitando algunos fragmentos en la Jota de los Sitios. Y como era bueno y merecía el Cielo a la Gloria subiría su alma acompañada del suave murmullo de la Jota Aragonesa y con la protección de la Virgen del Pilar.

Demetrio GALAN BERGUA.

En la próxima entrega, Galán  Bergua nos acerca a la figura de un grandísimo referente para nuestra jota y del que el escultor aragonés Ángel Bayod esculpió un bonito busto. ¿Sabéis a quién nos referimos?
Sergio Sanz Artús

miércoles, 30 de mayo de 2018

FOLKLORELA

¡¡¡ FOLKLORELA YA ESTÁ AQUÍ !!! 



 Por fin podemos presentaros nuestro último proyecto: FOLKLORELA. Un proyecto que lleva invertidas muchas horas de trabajo y de estudio, de creación de nuevas letras, de ilusión y vocación.

Un proyecto por y para los niños y con el fin de que nuestro folklore aragonés sirva como soporte para el aprendizaje de contenidos en educación primaria de una forma divertida. 

Folklorela es un disco-libro que será repartido, gratuitamente, en 100 colegios zaragozanos y que contiene 13 canciones didácticas, con músicas del folklore aragonés. 

Materias como sociales, matemáticas, francés, lengua....son explicadas con los Mayos de Albarracín, el Sitio de Zaragoza, Sierra de Luna o el Bolero de Caspe, entre otros. 

Si queréis adquirir un ejemplar, poneos en contacto con nosotros a través de grupodaragon@gmail.com

En este enlace podéis disfrutar de una pequeña selección de FOLKLORELA.(ver video)

martes, 20 de febrero de 2018

JOTAGENDA de Concursos de Jota

El Grupo D'Aragón pone a vuestra disposición la JOTAGENDA de Concursos de Jota 2018.

Es un archivo PDF descargable.


Nuestra leyenda es: S: Semifinal o prueba clasificatoria.  F: Final

Además, si pincháis en cualquier concurso os redirigirá  a las bases del mismo (si disponemos de ellas o están publicadas ) .

Esperamos que os sirva de ayuda y, si queréis comunicarnos alguna fecha más o mandarnos alguna base que todavía no esté disponible, podéis hacerlo a través de nuestro correo electrónico grupodaragon@gmail.com


miércoles, 23 de marzo de 2016

JOAQUÍN NUMANCIA

Buenos días a tod@s!
Como os comentábamos en la anterior publicación, esta semana el artículo de “El Heraldo de la Jota” escrito por D. Demetrio Galán Bergua habla del “jotero romántico por excelencia, altruista y desinteresado”, Joaquín Numancia.
Os dejamos con el artículo publicado el 3 de Diciembre de 1961.

Domingo 3 de diciembre de 1961

GALERIA DE LA JOTA
CANTADORES CÉLEBRES: JOAQUIN NUMANCIA

ANIVERSARIO
Hoy, día 3 de diciembre de 1961, hace dieciocho años que falleció en Zaragoza el castizo jotero Joaquín Numancia, que nació en nuestra ciudad en 1898, en la calle de San Lorenzo, y fue bautizado en la Iglesia de la Magdalena. Al iniciar esta crónica biográfica en la Galería de la Jota de HERALDO DE ARAGON queremos, a la vez que la ofrecemos a los lectores, dedicarla a sus familiares, muy especialmente a su viuda e hijos, en la seguridad de que este recuerdo periodístico en el decimoctavo aniversario de su muerte llegará a ellos como una prueba del afecto, simpatía y admiración que por él sentimos los que tuvimos la satisfacción de conocerle.

AFICIONADO
Joaquín Numancia, fue un caso interesantísimo entre los cantadores de Jota aragonesa. ¿Mejor, peor, igual a otros de su época?... No hemos de ser nosotros quienes hayamos de dilucidarlo. Lo que si afirmamos, sin recelo alguno, sin temor a decir lo que no es absolutamente cierto, es que Joaquín Numancia era algo distinto a los que en aquellos tiempos destacaron. Y era así porque su formación artística fue tan personal, tan intuitiva, tan apartada  de moldes y escuelas tan independiente, tan “suya” que, sin que nadie le hubiera enseñado a cenata la Jota, andando desde pequeño entre guitarros y vihuelas, amando al canto regional y limitándose a interpretarlo a su modo después de escuchar a joteros y aficionados, un buen día se “destapó” ante el público, y  no precisamente en Aragón sino en Vasconia, en Villafranca de Oria. Y fue en tierra vasca su debut, su bautismo artístico ante su auditorio no aragonés, porque Numancia estaba casado con una buena moza Tolosa y tuvo ocasión, estando allí, de organizar, llevado de su afición, un festival de Jota aragonesa. Es oportuno hacer constar el hecho curioso de que en aquella ocasión, además de recibir felicitaciones efusivas por su modo personalísimo de cantar, le dieron un primer premio de baile. O sea, que sin haberse probado nunca ante el público, resultaba que valía para cantar la Jota y para bailarla.
A parir de este primer episodio de su vida de jotero aficionado volvió a Zaragoza, ingresó como camillero en la Cruz Roja y fue en otro festival, organizado esta vez por la humanitaria entidad, donde Numancia, volvió a cantar y empezó a cosechar, como cantador reconocido, los más calurosos aplausos.

PROFESIONAL.
Joaquín Numancia, baturro por esencia, presencia y potencia, que vestía con presencia y garbo el traje regional, constituyendo una admirable estampa típica, se dio a conocer como verdadero profesional en 1918, en la Ronda de Primavera, cuando a la sazón contaba treinta y dos años de edad. Desde entonces hasta muy poco antes de su muerte fue Numancia el jotero romántico por excelencia, altruista y desinteresado, siendo una de sus principales características el hecho de que siempre huyó de todo homenaje, de toda propaganda y de toda intervención en concursos oficiales- Por no acudir a ningún certamen de Jota no tuvo –oficialmente- premio alguno como cantador; pero cantó al estilo del “Royo del Rabal” y del “Tuerto de las Tenerias”, y supo respetar, como “poco” la pureza de los clásicos estilos. Un detalle de sus espléndidos y romanticismo es que tuvo muchos discípulos y ni a uno solo le pasó factura por sus enseñanzas. Numancia, en fin, aprovechaba todos los momentos libres para dedicarse a su afición jotera, obsesionante; se gastaba los dineros por ella, regalaba el fruto de su trabajo, prodigaba sus facultades y vivía y gozaba hablando de sus aventuras, viajes, emociones, anécdotas y hechos curiosos relacionados con lo que más le dominaba: la Jota.

ANÉCDOTAS Y COPLAS ALUSIVAS
Joaquín Numancia llevó fama de cantador ingenioso, tanto al espetar tierras suyas – casi siempre improvisadas- como al aprovechar las ajenas en momentos adecuados. Su historia de jotero está llena de anécdotas y alusiones célebres. Y es que Numancia, baturro liso y llano, alegre y socarrón, poseía el don de la gracia, del humorismo y de la oportunidad, unido no pocas veces a un buen sentido de la galantería. Para muestra veamos varios ejemplos entre los muchos que podríamos recordar.
En un pueblo en fiestas en las estribaciones del Moncayo, dedicó a las mozas esta copla plagiada a otra similar de García Arista:
Viendo vuestras caras blancas
güelvo la vista al Moncayo
y me s’antojan carbones
las nieves del gran picacho.
No le faltó su sátira bien dispuesta cuando, con picardía e intención en una fiesta de alta sociedad, en el Casino Mercantil de Zaragoza, al observar que habla resultado estéril la llamada de Allué Salvador para que las señoritas acudieran al acto vistiendo el traje regional, les “soltó” esta canta:
No llevaría Agustina
cuando disparó el cañón,
ni rímel, ni falda corta,
ni pelico a lo “garsón”.
En el Gran Teatro de Córdoba en 1927, ante la mejor de la sociedad de la ciudad del Califa, brindó a la mujer cordobesa esta cuarteta llena de galantería y fervor baturro:
El mejor cantar del mundo
es la Jota aragonesa;
y la mujer más bonita
es la mujer cordobesa.
También en 1927, con motivo de la constitución en Zaragoza de la Junta Nacional del Centenario de Goya, ante el alcalde de Madrid, el gran pintor Moreno Carbonero, Eugenio D’Ore y otras personalidades españolas, nuestro jotero ofreció esta ingeniosa canta hija de su inventiva:
Goya pintó en sus Caprichos
cuanto vio a su alrededor
Pero la “Maja desnuda”…

¡pa mi, el capricho mejor!

©Archivo Heraldo de Aragón

EL JOTERO MILAGROSO…
En la biografía de Joaquín Numancia que se ha traído a la Galería de la Jota de HERALDO DE ARAGON no podía faltar un hecho duriocísimo al que, con menos detalles, me referí en otra crónica no periodística. Se trata de las coplas anecdóticas que él improvisó en cierta ocasión regocijante, que esta vez vamos a describir ampliamente y con la mayor veracidad, de acuerdo con los datos recogidos y con las declaraciones del ocurrente jotero.
En un pueblo de la provincia de Zaragoza, cuyo nombre no hace al caso ni considero oportuno mencionar, se celebraban las fiestas patronales. La gente escasamente tenía humor para disfrutar de ellas. La sequía era espantosa. No llovía hacía mucho tiempo y la cosecha de trigo estaba a punto de perderse. Numancia tenía que intervenir en el tablado levantado en la plaza Mayor. Llegado el momento, este cantador entremezclaba –como era peculiarísimo en él- las copias ajenas, las más popularizadas, con las de su propia inventiva. Cuando llevaba cantadas más de una docena, el alguacil del pueblo se le acercó y le dijo con gran reserva – no sabemos si humorísticamente o llevado de un oculto fanatismo-:
“Oye, maño. Ya podías inventar una coplica pa que llueva. Miá que tenemos los campos secos, que nos vamos a quedar sin pan p’al ivierno, y ya no nos valen ni las rogativas”. Y Numancia, ni corto ni perezoso, se lio la manta a la cabeza y espetó la siguiente canta:
Premito, el Patrón del pueblo
y la Virgen soberana
que caigan sobre estos campos
cien mil toneladas de agua.
La ovación fue ensordecedora. Los campesinos levantaban sus brazos musculosos y aplaudían a rabiar. Las mujeres se mesaban los cabellos y lanzaban gritos de alegría. Los viejos lloraban. Los críos saltaban de contento y recorrían la plaza como cabrillas locas. Numancia, pleno de serenidad, llevó la vista a los confines del horizonte observando que por encima de la sierra avanzaba rápidamente una nube densa y oscura llevada por el fuerte viento del Somontano. Sin que el pueblo se diese cuenta de ello aprovechó la circunstancia y, en un alarde de gracia baturra y de fácil inventiva, soltó esta copla con oda la fuerza de sus pulmones y con todo el vivo deseo de su corazón:
Que me cuenten la cabeza
u me muera de un torzón,
si antes de cinco menutos
no nos cái el chaparrón.
Aquello fue el delirio, pues al acabar de desgranar la copla empezó a gotear mientras la masa humana llevaba la vista al cielo donde ya se apreciaba el nubarrón precursor del gran aguacero. Y como el pueblo, enardecido, pidiese más coplas, Numancia- que como todos los espectadores permanecía impávido ante las primeras ráfagas de lluvia alarmante que ya empapaba su bulcro vestido de “maño” lanzó la “rematadera” entre el fulgor de los relámpagos y el estruendo de los truenos:
No me pidáis más coplicas
porque agua la tenis ya;
ahura vais a dame vino
y también de merendar.
Numancia había triunfado. Arreció el agua y la plaza quedó desierta en menos que canta un gallo, no sin antes una cuadrilla de monos, casados, viudos, críos, viejos, mozas y mujerucas, rodeando al héroe y llevándole en hombros, entre vítores y aclamaciones, lo condujeron a los soportales y, al grito de “¡Milagro… milagro!”, lo metieron en la taberna donde le obsequiaron, abrazaron y hasta besaron – ellos y ellas-. Allá, afuera, en la plaza, en las calles, en las huertas y en los campos, la lluvia bendita salvaba de la rutina y de la desesperación a aquellos honrados labriegos que, a partir de aquel día, siempre han recordado con cariño y simpatía al cantor zaragozano que desde entonces fue bautizado por el alguacil del pueblo con el título humorístico de “El jotero milagroso”.

Demetrio GALAN BERGUA.

En la próxima entrega, nuestro gran Galán Bergua nos acerca a la figura de uno de los grandes joteros de nuestra historia… “El tuerto de las Tenerías”. ¿Sabéis de quién hablamos?
Sergio Sanz Artús

miércoles, 16 de marzo de 2016

JUSTO ROYO

Buenos días a tod@s!
Como os comentábamos en la última publicación, esta semana el artículo de “El Heraldo de la Jota” escrito por D. Demetrio Galán Bergua habla del hijo del cebadero, que no es otro sino el gran Justo Royo.
Os dejamos con el artículo publicado el 26 de Noviembre de 1961.

Domingo 26 de noviembre de 1961

GALERIA DE LA JOTA
CANTADORES CELEBRES: JUSTO ROYO

LA COPLA DE LOS ARRIEROS
Los arrieros de Aragón
en la Posada e San Blas
siempre tién comida y cama,
y guitarra pa cantar
Allá por el año 1895, Royo, el cebadero de la típica Posada zaragozana, llevaba ya varios lustros atendiendo a las cuadras donde daba pienso y cobijo a los abríos de gran parte de los arrieros y labradores que continuamente llegaban a nuestra ciudad. Y allí, en el patio, ¡cuántas veces la guitarra del posadero era solicitada por los forasteros para acompañándose de ella, desgravar coplas y más coplas adaptadas a los más populares estilos! Eran los tiempos en que los campesinos aragoneses todas sus alegrías –a  veces, hasta sus penas- las manifestaban entregándose al canto regional. La época en que todavía no se despreciaba nuestro himno viril para dar paso a “La Parrala” y a “La vaca lechera”. Los años dichosos en que los baturros no habían olvidado la Jota para dedicarse a copias a los modernos vocalistas –machos y hembras- desgastándose y descoyuntándose en la interpretación más o menos grotesca de la racha interminable de tangos, congas, cariocas, “Cha-cha-chá” y “rokansoles” con que nos “obsequian” a todas las horas los “blancos” de fuera y de país los cobrizos, los negros… ¡y quién sabe si algún día imperarán en nuestra tierra las melodías estratosféricas que nos traigan los marcianos o los “lunáticos”…!

EL HIJO DEL CEBADERO
El buen cebadero de la Posada de San Blas tenía un hijo de muy pocos años que nació en 1890 en la calle de la Tripería. Desde muy niño, Justico Royo frecuentaba el lugar donde su padre servía y los arrieros se aposentaban Boquiabierto, inmóvil, con los ojos fijos en el campesino que por primera vez cantó ante él, a sus cinco años de edad empezó a sentir la Jota que día tras día “se le metía” más dentro de su alma infantil, cada vez con más fuerza, con mayor arraigo. A tal punto llego su entusiasmo que a sus siete años, cuando jugaba en la calle con sus amiguitos, se paraba a ratos y, como extasiado, hacía esfuerzos por recordar las melodías que de los arrieros escuchara. Esta precoz afición por la jota fue aumentando y, al llegar a la adolescencia, ya poseía un buen bagaje de estilos y tonadas que él “a su modos” interpretaba con una voz francamente prometedora. En estas condiciones le conoció Miguel Asso, el cual, dándose cuenta de las extraordinarias aptitudes del joven aficionado, no dudó en encargarse de él para perfeccionarlo con sus magistrales enseñanzas. De esta convivencia artística nació una profunda amistad entre ambos que se tradujo en las numerosas actuaciones y jiras que juntos realizaron. Así, Justo Royo quedó convertido en un magnífico jotero profesional que de éxito en éxito recorrió los pueblos más importantes de la región y muchas poblaciones españolas. Pero la historia de este cantador fue relativamente breve, ya que falleció en 1938, a los 48 años de edad, en su plenitud de sus facultades.


©Archivo Heraldo de Aragón
COMPAÑERO EJEMPLAR
Justo Royo era una excelente persona un noble compañero que tenía un gran corazón y unos sentimientos ejemplares. Lo demostró muchas veces, sobre todo cuando se unió a la famosa Pilar Gascón en su último viaje a Argentina. Ambos salieron de España con un contrato envidiable, por tiempo ilimitado. Las primeras actuaciones constituyeron un triunfo apoteósico para la formidable pareja y para el canto de Aragón. La Jota que ellos interpretaban enardeció a los bonaerneses. Las salas donde actuaban se llenaban de un público heterogéneo que ovacionaba diariamente a los dos grandes cantadores. Pero llegó la tragedia, Pilar Gascón, como se dirá con mayores detalles en la biografía que a ella habremos de dedicar, cayó enferma, víctima de una gravísima afección que fue heraldo de un próximo y fatal desenlace. Justo Royo pudo haber continuado en Buenos Aires aprovechando las ventajosísimas condiciones del contrato y, en pleno apogeo, disfrutar de unos ingresos casi fabulosos para un profesional de la Jota, que le hubieran garantizado su definitivo bienestar para el porvenir.  No obstante, despreció la mejor ocasión de su vida y, sin titubeo alguno, se dispuso a acompañar a la inmensa cantadora en su viaje de regreso a España. “Con ella vine estando sana. Con ella volveré viéndola enferma”. Estas fueron las frases que Justo Royo pronunció ante el empresario cuando este se esforzaba inútilmente tratando de convencerle para que se quedase. Y el noble jotero embarcó camino de Aragón, y durante toda la travesía, fue compañero inseparable de Pilar Gascón, a la que animó, cuido y consoló constantemente como podía haberlo hecho el más cariñoso de los hermanos. Creo que con solo este hecho basta para poner de relieve la nobleza baturra y los sentimientos profesionales del hijo del cebadero de la Posada de San Blas.

RESUMEN DE UNA VIDA
Como síntesis de la carrera jotera de Justo Royo diremos que fue un gran cantador de Jota, sencillo, sin petulancias; que se formo en la escuela de Miguel Asso, del cual asimiló todas sus virtudes interpretativas; que obtuvo premios abundantes, incluso uno de los primeros en el Certamen Oficial de 1914, que su fama traspasó las fronteras de Aragón siendo uno de los más admirados en Valencia, Madrid, Barcelona y Bilbao; que actuó junto a Miguel Fleta en la película “Miguelón”; que fue destacada figura en la Exposición de la Ciudad Condal, en 1929, alternando con Pilar Gascón y cantando ante Alfonso XIII: que causó sensación en Buenos Aires, donde todavía se le recuerda con cariño y admiración; que triunfó en  unos Juegos Florales de la capital de España; que impresionó muchos discos gramofónicos que en la actualidad son preferentemente seleccionados por las emisoras de Radio que aleccionó  a algunos cantadores de valía:  y que trabajando en su oficio de tornero en madera, en su taller de la calle de las Armas, dejó de existir pensando siempre en la Jota, cuyas melodías, caladas en su alma buena, le acompañaron a la Eternidad.

Demetrio GALAN BERGUA.

El próximo artículo irá dirigido a un gran cantador de jota que se estrenó como tal en la localidad de Villafranca de Oria (Guipúzcoa), actualmente conocido como Ordicia.
¿Sabéis de quién hablamos?
Sergio Sanz Artús